Literatura Colaborativa

Imagen de Rocío

Crónica de la presentación de El mal, de David Lozano
de Rocío - viernes, 28 de agosto de 2009, 05:21

 

David

Fecha: 4 de junio de 2009


Nunca he asistido a la presentación de una novela, por lo que me vendrá de lujo saber qué se hace en esos eventos, que tengo que hacer una de la mía y no se por dónde cogerla.

Nunca he tenido tan al alcance la oportunidad de conocer a un autor de renombre, y para los que estamos empezando, hablar con los maestros ha de ser de lo más educativo.

Nunca voy a tener tan a mano el poder hablar con una editora española que ya querríamos muchos autores para nosotros. Nada menos que un miembro del grupo SM. ¡Ahí es “na”!

Con estos planteamientos me presenté esa tarde al evento. Pimpollo como la que más, perdida como nadie y sin dejar de escudriñar el entorno. Era como un animal al acecho de cualquier presa que se pusiera en mi camino, porque estaba decidida a salir de allí plenamente empapada de sabiduría. Lo que no sabía era que casi me ahogo con tanta agua de conocimiento.

–¿Esa es Laura Gallego? –me preguntó mi novio tan cortado como lo estaba yo.

Sí, era Laura. A escasos tres metros de nosotros. Y en el sentido opuesto, estaba David. (Momento nervios)

La autora valenciana asistía al evento para presentar a David Lozano, pues ambos se conocían por coincidencia de editorial, y el tiempo les había hecho amigos. ¡Ese fue el primer momentazo del día!, y hay que ver ¡cómo a mi edad! me sentía como una chiquilla con zapatos nuevos.

Todos pasamos al salón de actos de la Fnac<//personname> y encontramos sobre los asientos una careta de la película Scream como obsequio. Regalo que posteriormente suscitaría uno de los momentos más divertidos del acto, y empañamiento de cristales para quienes usamos gafas. Esto fue un pequeño fallo del diseñador.

He de decir que la presentación de David Lozano fue una delicia. El maño nos sacaba la carcajada cada dos por tres con su humor, porque otra cosa no, pero a simpático no le ganaba nadie de los que estábamos allí. Su presentación de fotos de la ciudad de París (escenario de su obra y germen de su inspiración), su montaje escénico con las caretas puestas o la profundidad de sus respuestas a nuestras preguntas, dijeron mucho de él como persona y como escritor.

Presentacion_fotografica

El Mal

Y ahí llegó uno de los momentos de envalentonamiento. La tanda de preguntas.

Yo no había preparado ninguna porque no conocía la obra del autor, pero a raíz de la presentación mi cabeza se llenó de curiosidades al respecto.

Cuando la tanda de preguntas se abrió solo dos personas hicieron un comentario… después, se hizo el silencio. Incómodo, por cierto. Hasta yo, que iba de pardilla, notaba que la cosa no estaba quedando nada bien. Y allá que me dije “pues mira, yo tengo un par de curiosidades”. Qué momento más glorioso tuve (a nivel personal) con David. Cómo me identifiqué con cada una de sus palabras.

Mis preguntas iban dirigidas a su fase de investigación para la obra, y a la problemática de cómo concluir una saga para agradar al público. El momento se podría resumir diciendo (en términos soeces, aunque quede mal expresarlo así), que tuve una especie de orgasmo mental de lo más placentero.

En un momento dado David, haciendo de las suyas, nos hizo ponernos las caretas para pasar un momento divertido. Y vaya si lo fue. ¡Mirad qué pintas!

Caretas_1

Caretas 2

Satisfecha con el conocimiento que me acababa de llevar, esperé a que terminaran las preguntas y procedí a entregarle a David un regalo que le habíamos preparado. Bueno, que había preparado yo, pues la idea de regalarle al autor una lámina de la fotografía de un cementerio gótico, con una cita de su obra impresa, fue mental y materialmente parida y fabricada por mí.

Regalo 2

El momento entrega de regalo fue bonito. Con un temblor en la sonrisa que me costó aguantar, pero definitivamente bonito. Inolvidable.

Laura también recibió un detalle por su participación, y era algo que no esperaba. Una camiseta prometida semanas atrás en otro evento, y que mis compañeros de la AVFE li hicieron creer al comenzar el acto, que la habían olvidado.

ArchivoRegalo_para_Laura

Regalo_para_Laura_2

Terminada la tanda de preguntas se procedió a la firma de libros, y ahí me arrepentí mucho de no haber conocido antes la obra de David y tener uno de sus libros a mano, pero seguro que nos encontraremos en alguna otra ocasión, y fijo que iré preparada para la ocasión. De momento me llevo una foto contigo.

David Lozano

Una de las notas divertidas fue que en un momento dado no había forma de dar con un bolígrafo con el que firmar, y yo, que llevaba a Oreula en el bolso (mi superpluma talismán de la suerte) se la cedí al comentario de: «Esto hay que hacerlo con categoría». Ahí, la Ro<//personname>, quedó como una reina.

Mientras David seguía firmando libros centré mi atención en Laura Gallego. Básicamente porque estaba a cinco metros de mí, y qué queréis que os diga, una no va a tener la suerte todos los días de tener esa proximidad.

Llegados a este punto se dio por mi parte la típica situación en la que uno se debate entre la vergüenza y la valentía, porque quería pedirle algo a Laura y me daba corte. ¡Eh!, no os riáis, que una cosa es decir de boca lo que quieres hacer estando completamente convencido de que vas a hacerlo, y otra muy distinta es estar ante la situación y quedarte como una estatua.

La cuestión es que empecé a comportarme (mentalmente) como una cría. «¿Qué le digo? ¿Cómo le entro? ¿Le molestará? No creo, Laura tiene fama de ser muy atenta y cordial con todo el mundo. Pues venga Ro, a la de tres. Una, dos,… No espera, que está hablando. Ahora cuando termine. Joder, qué tontería, pero si solo vas a pedirle dos cosillas simples. Venga, que ahora no está hablando, así no interrumpes nada».

–Quiero pedirte dos cosas, y regalarte una.

¿Mola, no? No es tan glamourosa como el «Siempre nos quedará París», pero hizo su efecto, porque Laura me miró, sonrió y puso cara de “¿Qué querrá esta mujer?”.

Siendo que era la presentación de David, Laura me dejó ver que una vez terminado el acto se acercaría a la cafetería y allí firmaría los libros. Y así fue como me presenté delante de ella con Dos velas para el diablo, y lo que yo quería regalarle. Cuando me firmó su libro lo mío fue algo así como “Tachán. Esto es para tí”. ¡Ajá! ¡Te pillé! Su cara de sorpresa lo dijo todo, y yo a punto de explotar de lo que me inflé de orgullo… jajajaja.

ArchivoPresentandole_a_la_criatura

YO_FIRMANDOLE_A_LAURA

PEAZO_FOTO

Le había regalado un ejemplar de La tríada de maestras, y le gustó. La portada por lo menos. Otra cosa es que lo de dentro lo encontrara interesante, pero vamos, objetivo cumplido. Y entonces vino un pequeño momento novato, novato, y es que cuando tiré a firmarle la novela me temblaba el pulso cosa mala. Tendríais que verme sentada a lado de esta mujer, con los nervios disparados y sacudiendo la mano para relajarla. Y yo excusándome allí como podía… Al final, haciendo un esfuerzo para que el texto saliese decente, conseguí garabatear algo. No fue otra frase célebre, pero bastante que fui capaz de poner mi nombre.

Feliz y contenta bajé de las nubes y busqué a los miembros de la AVFE<//personname> para hablar con ellos, porque desde que empezó el acto yo había estado en mi mundo particular y no había podido intercambiar opiniones.

Entre idas y venidas, se dio a continuación otro momentazo de los buenos, Y, además, inesperado.

La editora de David y Laura (Elsa), había asistido al evento junto a dos miembros más del grupo de marketing, y por una casualidad del destino, acabamos las dos -una junto a la otra- calladas en un rinconcito y mirando a la gente.

Para variar tuve otro momento infantil similar al de Laura. Allí estaba una de las editoras más importantes de España, y yo a su lado con la cabeza llena de preguntas de enorme interés para mí. Pues sí, se repitió en mi cabeza el debate “voy, o no voy”. Al final, después de mi éxito con Laura dije, allá que voy. De perdidos al río.

Aquí la frase de entrada fue simple, tonta y absurda… pero no me negaréis que lo estaba haciendo bastante bien.

–Eres Elsa, ¿no?

Antológico, lo sé, de esas que colocarán junto a la célebre «Francamente querida, me importa un bledo», pero me sentía tan cómoda a esas alturas, que de haber estado Ratzinguer a mi lado, habría sido capaz de invitarle a una cerveza.

Elsa fue toda simpatía. Sí, las cosas como son. Lo que es blanco es blanco y lo que es negro, negro. Esta buena mujer derrochó atención a mis preguntas, y lo que me contó me impregnó más aún de conocimientos sobre el mundo literario. ¡Qué gran conversación!

Juro por la madre que me parió que solo quería hablar de ella sobre temas de literatura, pero el destino (aliado conmigo esa tarde) me brindó la oportunidad de volver a quedar como una reina.

En un momento dado de mi conversación con Elsa, alguien preguntó por Laura y todos nos volvimos hacia la cafetería que estaba a solo cinco metros. La mampara de cristal dejó ver a la autora y un objeto muy llamativo sobre la mesa. Ahí, lo siento, no pude contenerme, y le dije a Elsa: «El libro que hay en la mesa es mío», y la apoteosis final del día, la guinda del pastel que me había comido toda la tarde, quedó apostillada cuando Elsa me dejó caer: «A ver si me lo pasas».

–Si quieres, ahora mismo te regalo uno.

Sí, si, si, si… aquí sí dije una frase para la historia. ¡Para la mía!, pero la cuestión es que me falto el aliento de una mariposa para tener la oportunidad de darle en persona a una de las editoras de SM, un ejemplar de mi niña y en mano. ¡Ole!

Para qué os voy a contar cómo me sentí. Aún no me lo creo.

Después de aquello, el evento se convirtió en conversaciones con corrillos que me llevaron a celebrar junto a los amigos, la gloriosa tarde que habíamos tenido.

Ese día, mientras caminábamos por la calle rumbo a tomarnos unas cervecitas, me dije a mí misma: «Ro, lo has hecho de lujo, pero por el amor de Dios, prepárate las frases antológicas para la próxima vez».


NOTA: Quiero agradecerles a David, Laura y Elsa, el momento tan profesional, ameno, educativo y divertido que me brindaron esa tarde. Un momento inolvidable.



Cómo no, Laura me concedió una foto muy chula. Ambas dos con el respectivo libro de la otra. ¡Toma ya!
Le dije que quería una foto y un autógrafo. Su respuesta fue de lo más correcto, por lo que hizo honor a la fama que le precede y yo quedé encantada.



Y di un paso al frente. Me costó, pero lo di.

Le entré a Laura con una frase… rara. Bueno, es lo que se me ocurrió en ese momento, tampoco me pidáis que hiciese filigranas en el estado de nervios que estaba.

¡AHÍ ESTÁ MI PLUMA!Firmando 2

Firmando 1


A David le encantó la fotografía, y yo más feliz que unas castañuelas.

Regalo 1

ArchivoEl_escenario


Allí estaba yo. Seria. Comportándome. En esto último hago hincapié porque -por la ley de Murphy- siempre salgo en fotos y vídeos en situaciones no especialmente “serias”. No sé cómo lo hago, pero siempre doy la impresión de no ser capaz de estar cuerda ni cinco minutos).


Cita: Presentación de la segunda entrega de la trilogía La puerta oscura (El mal), del autor zaragozano David Lozano.


Lugar de la cita: Fnac de San Agustín (Valencia)


Hora: 19:00